lunes, marzo 05, 2007

Lingüística y poética


En esta ocasión leímos una parte de Lingüística y poética, de Roman Jakobson. Él nos habla principalmente sobre la relación de la poética y la lingüística. Nos dice que el objeto principal de la poética es la diferencia específica del arte verbal con respecto a otras artes y a otros tipos de conducta verbal, tiene un puesto preeminente dentro de los estudios literarios. Trata de problemas de estructura verbal y puesto que la lingüística es la ciencia que engloba a toda la estructura verbal, se considera a la poética como una parte integrante de aquélla.

Muchos rasgos poéticos forman parte, no sólo de la ciencia del lenguaje, sino también de toda la teoría de los signos; de la semiótica en general. Esta afirmación es válida para el arte verbal y para todas las variantes de la lengua, puesto que comparte muchas propiedades con cualquier otro sistema de signos, e incluso con todos ellos (rasgos pansemióticos).

La cuestión de las relaciones entre la palabra y el mundo no concierne en exclusiva al arte verbal, sino a todo tipo de discurso. Los valores de verdad, como “entidades extralingüísticas”, exceden los límites de la poética y de la lingüística en general.

Los estudios literarios, con la poética al fre
nte, consisten –al igual que la lingüística– en dos grupos de problemas: sincrónicos y diacrónicos. La descripción sincrónica considera, no sólo la producción literaria, sino también aquella parte de la tradición que ha permanecido viva o ha sido revivida durante una determinada etapa.

Asimismo, el lenguaje debe ser investigado en toda la gama de sus funciones. Se debe definir el lugar que ocupa la poética dentro de las otras funciones, y para ello se requiere analizar los factores que forman parte de cualquier hecho del habla, de cualquier acto de comunicación verbal. El hablante envía un mensaje al oyente. Para que sea operativo, ese mensaje requiere un contexto al que referirse, susceptible de ser captado por el oyente y con capacidad verbal o de ser verbalizado; un código común a hablante y oyente y por último, un contacto, un canal de transmisión y una conexión psicológica entre hablante y oyente, que permita a ambas entrar y permanecer en comunicación.


Cada uno de esos seis elementos determina una función diferente del lenguaje. La diversidad no se encuentra en el monopolio de una de estas funciones varias, sino en un orden jerárquico diferente. La estructura verbal del mensaje depende de la función predominante básicamente.

La tarea primordial de numerosos mensajes es la función llamada referencial, orientada hacia el contexto.

Otra es la función emotiva o expresiva, enfocada hacia el hablante, la cual aspira a una expresión directa de la actitud de éste hacia lo que está diciendo. El estrato puramente emotivo de una lengua está representado por las interjecciones, que difieren de los medios de un lenguaje referente por su patrón sonoro. La función emotiva puesta en manifiesto en las interjecciones está en las locuciones a su nivel fónico, gramatical y léxico.

La orientada hacia el oyente es la función conativa, la cual encuentra su más pura expresión gramatical en el vocativo y el imperativo, que desde el punto de vista sintáctico, morfológico y fonológico, se desvían de otras categoría nominales y verbales.

Según Bühler, el modelo tradicional del lenguaje se reducía a esas tres funciones (emotiva, conativa y referencial), y los tres ángulos de este modelo (la primera persona del hablante, la segunda del oyente y la tercera, alguien o algo ya mencionado, mensaje). Sin embargo se observan tres nuevos factores constitutivos de la comunicación verbal y tres funciones del lenguaje correspondientes.


La función fática se refiere a los mensajes cuya función primordial es establecer, prolongar o interrumpir la comunicación, para comprobar si el canal funciona, para atraer o confirmar la atención continua del interlocutor o para prolongar la comunicación.

La función metalingüística se encuentra presente siempre que el hablante y/o el oyente necesitan comprobar si emplean el mismo código, fijando la atención del habla en el código.

La tendencia hacia el mensaje como tal es la función poética, que no puede estudiarse con efectividad si se la aparta de los problemas generales del lenguaje. Sirve para profundizar la dicotomía fundamental de signos y objetos a base de promover la cualidad evidente de aquellos.


Jakobson, Roman. Lingüística y poética. Madrid: Catedra, 1981.

2 comentarios:

Imagina dijo...

Me encanta la idea de que publicaras todo ésto...se ve que te apasiona...excelente!!...Estoy leyendo un libro que me está gustando...se llama Manual de Diseño Editorial...Jorge de Buen...Santillana....te dejo saludos

Eyra dijo...

Gracias por el comentario y por la recomendación, la buscaré.

Saludos!